COSTA BRAVA

Una de las carreteras panorámicas más hermosas de la Costa Brava une Sant Feliu de Guíxols y Tossa de Mar. La pequeña ciudad Sant Feliu de Guíxols portuaria en el corazón de la Costa Brava emite una atmósfera mediterránea. Muy de mañana, los viejos pescadores están sentados charlando en los bancos en el puerto, siempre acompañados por los gritos de las gaviotas. Las riquezas del pasado se manifiestan en el casino y algunas villas que fueron erigidos por empresarios locales en los siglos XIX y XX.
Los 23 km de carretera entre Sant Feliu de Guíxols y Tossa de Mar son todo curvas y puro romanticismo.

Ciertamente vale la pena pararse un rato en alguno de los miradores y dejarse inspirar por el mismo panorama que Ferran Agulló, que utilizó por primera vez, en 1908, el término de “Costa Brava” para denominar las 220 kilómetros de costa entre Francia y Blanes. No son frecuentes vistas tan espectaculares sobre el mar, marcadas por extrañas formaciones de roca, pinos verdes y alcornoques.

El mar brilla azul turquesa frente a las colinas al sol. El asfalto moldea la pendiente y los pinos pueblan los arrecifes que se dejan bañar por las olas espumosas del Mediterráneo.
En realidad, lo más asombroso de esta ruta es el paisaje. Hay varios miradores a lo largo de todo el tramo que te permiten disfrutar de vistas de ensueño.
Continuamente hay desvíos hacia el mar. En algunas de las calas hay chiringuitos de playa y vemos también que hay calas nudistas. Antes de bajar a Tossa de Mar paramos el coche para fotografiar ese panorama. Parece de postal: el casco antiguo de Tossa con sus torres.

Tal y como relataba el escritor Josep Pla, “lo mejor de Tossa es su aire, su luz, su perfil, su color, su vida...”. El pintor Marc Chagall bautizó la ciudad como “paraíso azul”.